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jueves, 6 de agosto de 2026

Pedalear Hacia mis Raices !

Pedalear hacia mis raíces, Rosario siempre estuvo cerca! 

“Hay viajes que nacen del deseo de descubrir un lugar. Otros nacen de la necesidad de volver. Este fue uno de esos.”

Durante muchos años escuché nombrar aquellos pueblos. No eran destinos turísticos. Eran parte de las conversaciones familiares, de las anécdotas de mis abuelos y de los recuerdos de mi papá. De chico los conocí de su mano, porque él volvía cada vez que podía. Con el tiempo entendí que no era un viaje más: allí había sido feliz.

Los años pasaron. La bicicleta llegó a mi vida y me regaló una forma distinta de conocer el mundo. Sin darme cuenta, un día sentí la necesidad de hacer ese mismo recorrido. Pero esta vez a mi manera. Pedaleando.

Figura 1. El regreso a casa: ingresando a Albarellos sobre dos ruedas por la ruta de acceso.

No salí a buscar kilómetros ni un desafío deportivo. Tampoco buscaba una foto para compartir.

Quería recorrer los pueblos donde habían nacido mis abuelos paternos y mi papá. Lugares que durante años solo habían vivido en los relatos familiares y que ahora aparecían frente a mí, tranquilos, silenciosos, como si el tiempo hubiera decidido caminar más despacio.

Cada cartel tenía un significado. Cada calle despertaba una historia. Cada parada era una conversación con mi memoria.

Figura 2. Pavón Arriba: la parada ante el cartel ferroviario que evoca las historias y recuerdos de la infancia.

Unas semanas antes del viaje, hablando con una prima, me enteré de algo que no sabía. Mis bisabuelos ya no descansaban donde yo creía. Sus restos habían sido trasladados al cementerio de Pavón Arriba para reunirlos con otros integrantes de la familia.

Aquella noticia cambió el viaje. Cuando llegué al cementerio ya no era una simple visita a un pueblo de mis raíces. Era un encuentro con una parte de mi historia.

Entré vestido de ciclista, en silencio. No fui a buscar respuestas. Fui a saludar.


Figura 3. Un instante de respeto y memoria frente a la placa de la Familia Fantin en Pavón Arriba.

Más tarde llegué a Albarellos. Tiempo atrás, en otro viaje, había estado allí con mi mamá y Claudia para dejar parte de las cenizas de mi papá. No fue un deseo que él hubiera expresado. Fue una decisión nacida del corazón. Elegimos ese lugar porque sabíamos cuánto significaba para él. Cada vez que volvía, era feliz.

En este viaje no llevé nada. Solo volví. Apoyé mi mano sobre esa tierra. Guardé silencio. Y lo recordé. Tal vez lo saludé. Tal vez simplemente lo extrañé.

Figura 4. Tocar la tierra de Albarellos: la pausa silenciosa para recordar a quien enseñó el amor por estos caminos.

Los lazos que permanecen

Mientras emprendía el regreso entendí que aquel viaje era mucho más que un recorrido entre pueblos. Mi papá no solo me había dejado el recuerdo de esos lugares: me había dejado el cariño por ellos. Y también algo todavía más valioso: los vínculos.

La relación con sus primos, que él cuidó durante toda su vida, también pasó a formar parte de la mía. Hoy sigo encontrándome con algunos de ellos y con sus hijos. Cada abrazo confirma que la familia no termina en una generación; continúa en quienes eligen mantener viva esa historia.

Figura 5. 'Disfrutar, solo de eso se trata': una pausa reflexiva sobre el camino antes de emprender el regreso.

Entonces comprendí por qué cada vez que vuelvo también soy feliz. No es solamente porque allí nació una parte de mi familia. Es porque allí también vive una parte de mí.

Las raíces no nos atan al pasado. Nos recuerdan desde dónde empezamos a crecer.


Y cada vez que vuelvo a pedalear por esos caminos, siento que no estoy regresando. Estoy volviendo a casa.

#aenbici

aenbici.blogspot

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