Hoy es:

jueves, 6 de agosto de 2026

La Vieja ( Si, Ovidio)

La Vieja

Una amistad a los empujones

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En todos los grupos hay alguien que termina convirtiéndose en un personaje. En el nuestro nadie necesita decir "Ovidio". Alcanza con decir La Vieja y todos sabemos de quién estamos hablando.

Lo curioso es que la primera vez que pedaleé con La Vieja estuve convencido de que ese hombre iba a hacer que abandonara la bicicleta.

Corría el año 2006. Yo recién empezaba a integrarme a los Devotos del Pedal. Ellos salían entre semana; yo solo podía los fines de semana. Todavía no nos conocíamos. Una vez al año organizaban una salida especial: Lima, ida y vuelta en el día. Más de doscientos kilómetros. Un desafío enorme para mí, que entrenaba en el gimnasio y hacía las salidas habituales a Nordelta. Con la confianza que da la inconsciencia del principiante pensé: "Estoy para ir".

A los pocos kilómetros apareció un hombre a mi lado:
—Si seguís pedaleando con esa cadencia... no llegás.

Seguí. Un rato después volvió. Otra observación. Más adelante, otra. Yo pensaba para mis adentros: "¿Y este quién es? ¿Qué se cree?"

No sé si me agotó el esfuerzo o la presión de sentir que me estaban evaluando durante todo el camino, pero cuando llegamos a Lima prácticamente me entraron empujando. Había perdido más la batalla mental que la física.

Después de la foto grupal, mientras todos pensaban en el regreso, yo solo pensaba una cosa: "¿Cómo vuelvo a casa?". Por suerte, un compañero que vivía en Campana regresaba más tarde en auto a Buenos Aires. Me ofreció llevarme y acepté sin dudarlo.

Desde entonces siempre le digo a La Vieja:
—A Lima fui. Estoy en la foto. Lo que nunca vas a poder demostrar que colapsé... ni que no volví pedaleando por culpa tuya.
Y cada vez que lo digo, nos reímos los dos.

Lima 2006: La prueba del delito. En la foto estamos todos, pero la vuelta en auto es un secreto guardado.

Con el tiempo empecé a salir también entre semana. Llegaron las interminables vueltas al Lago de Palermo. Horas y horas de pedal. Charlas. Silencios. Opiniones completamente distintas sobre mil temas. Discusiones. Risas.

Fue ahí donde aquel tipo que un día me había vuelto loco empezó a convertirse en un amigo. Nunca pensamos igual. Más de una vez nos calentamos discutiendo. Yo suelo enojarme un poco más; él siempre encuentra la forma de llevarme la contra. Pero, por alguna razón, siempre terminamos igual: con un abrazo o con un «Te quiero, Vieja».

Sumando kilómetros y kilómetros juntos en la ruta, donde las discusiones siempre terminan en risas.

Con los años aparecieron los códigos que solo entiende la gente que comparte muchos kilómetros. La Vieja tiene una frase registrada. Cuando alguno tarda demasiado en una parada, cuando todavía está acomodando algo o simplemente se entretuvo más de la cuenta, aparece su voz desde algún rincón:
—¡Dale che!

A veces lo dice demasiado rápido. A veces hasta dan ganas de mandarlo un poco lejos. Y siempre alguien le responde: «¡No rompas... ya va!». Todos nos reímos porque sabemos que forma parte del personaje.

La única forma conocida en el grupo para que no grite «¡Dale che!» durante cinco minutos.

También están esas cargadas que se repiten hace años. Como aquella foto frente a la Basílica de Luján. Dos relojes enormes detrás de nosotros. Y nunca falta alguno que pregunte: «Ovidio... ¿qué hora es?». Son bromas simples. Pero son esas bromas las que terminan construyendo una historia compartida.

Frente a la Basílica de Luján con dos relojes gigantes de fondo: «Ovidio... ¿qué hora es?»

Las Campnas se Ovidio (hace click)

Con La Vieja aprendí mucho más que a pedalear. Aprendí que una amistad no necesita pensar igual para ser verdadera. Que se puede discutir fuerte y seguir queriéndose. Que después de cientos de kilómetros compartidos —con lluvia, viento, cansancio, esperas, problemas mecánicos, pueblos perdidos y regresos a casa— las diferencias pasan a un segundo plano. Queda el afecto.

Detrás del personaje de duro, el afecto intacto de compartir una vida en bici.

Yo no tengo un "mejor amigo". Nunca me gustó esa expresión. Tengo personas que la vida fue poniendo en mi camino y que se ganaron un lugar en mi corazón. La Vieja es una de ellas. Yo se lo digo seguido, delante de todos, sin problema: «Te quiero, Vieja». A él le cuesta un poco más, creo que porque tiene que sostener ese personaje de duro que todos conocemos. Pero cada tanto, cuando nadie mira y el grupo ya se calló, llega un mensaje privado. Cortito. Simple. Muy de él: "Te quiero, Cuervo cabrón". Y con esas cuatro palabras alcanza para entender que, detrás de La Vieja, siempre estuvo Ovidio.

Epílogo

Hay amistades que nacen de un abrazo. La nuestra nació de una paliza psicológica camino a Lima. Veinte años después seguimos llevándonos la contra, riéndonos de las mismas pavadas y compartiendo caminos.

Y si alguna vez escuchan en una salida un "¡Dale che!", no hace falta preguntar quién llegó. La Vieja siempre anda cerca.

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miércoles, 5 de agosto de 2026

Pedalear Hacia mis Raices !

Pedalear hacia mis raíces, Rosario siempre estuvo cerca! 

“Hay viajes que nacen del deseo de descubrir un lugar. Otros nacen de la necesidad de volver. Este fue uno de esos.”

Durante muchos años escuché nombrar aquellos pueblos. No eran destinos turísticos. Eran parte de las conversaciones familiares, de las anécdotas de mis abuelos y de los recuerdos de mi papá. De chico los conocí de su mano, porque él volvía cada vez que podía. Con el tiempo entendí que no era un viaje más: allí había sido feliz.

Los años pasaron. La bicicleta llegó a mi vida y me regaló una forma distinta de conocer el mundo. Sin darme cuenta, un día sentí la necesidad de hacer ese mismo recorrido. Pero esta vez a mi manera. Pedaleando.

Figura 1. El regreso a casa: ingresando a Albarellos sobre dos ruedas por la ruta de acceso.

No salí a buscar kilómetros ni un desafío deportivo. Tampoco buscaba una foto para compartir.

Quería recorrer los pueblos donde habían nacido mis abuelos paternos y mi papá. Lugares que durante años solo habían vivido en los relatos familiares y que ahora aparecían frente a mí, tranquilos, silenciosos, como si el tiempo hubiera decidido caminar más despacio.

Cada cartel tenía un significado. Cada calle despertaba una historia. Cada parada era una conversación con mi memoria.

Figura 2. Pavón Arriba: la parada ante el cartel ferroviario que evoca las historias y recuerdos de la infancia.

Unas semanas antes del viaje, hablando con una prima, me enteré de algo que no sabía. Mis bisabuelos ya no descansaban donde yo creía. Sus restos habían sido trasladados al cementerio de Pavón Arriba para reunirlos con otros integrantes de la familia.

Aquella noticia cambió el viaje. Cuando llegué al cementerio ya no era una simple visita a un pueblo de mis raíces. Era un encuentro con una parte de mi historia.

Entré vestido de ciclista, en silencio. No fui a buscar respuestas. Fui a saludar.


Figura 3. Un instante de respeto y memoria frente a la placa de la Familia Fantin en Pavón Arriba.

Más tarde llegué a Albarellos. Tiempo atrás, en otro viaje, había estado allí con mi mamá y Claudia para dejar parte de las cenizas de mi papá. No fue un deseo que él hubiera expresado. Fue una decisión nacida del corazón. Elegimos ese lugar porque sabíamos cuánto significaba para él. Cada vez que volvía, era feliz.

En este viaje no llevé nada. Solo volví. Apoyé mi mano sobre esa tierra. Guardé silencio. Y lo recordé. Tal vez lo saludé. Tal vez simplemente lo extrañé.

Figura 4. Tocar la tierra de Albarellos: la pausa silenciosa para recordar a quien enseñó el amor por estos caminos.

Los lazos que permanecen

Mientras emprendía el regreso entendí que aquel viaje era mucho más que un recorrido entre pueblos. Mi papá no solo me había dejado el recuerdo de esos lugares: me había dejado el cariño por ellos. Y también algo todavía más valioso: los vínculos.

La relación con sus primos, que él cuidó durante toda su vida, también pasó a formar parte de la mía. Hoy sigo encontrándome con algunos de ellos y con sus hijos. Cada abrazo confirma que la familia no termina en una generación; continúa en quienes eligen mantener viva esa historia.

Figura 5. 'Disfrutar, solo de eso se trata': una pausa reflexiva sobre el camino antes de emprender el regreso.

Entonces comprendí por qué cada vez que vuelvo también soy feliz. No es solamente porque allí nació una parte de mi familia. Es porque allí también vive una parte de mí.

Las raíces no nos atan al pasado. Nos recuerdan desde dónde empezamos a crecer.


Y cada vez que vuelvo a pedalear por esos caminos, siento que no estoy regresando. Estoy volviendo a casa.

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martes, 4 de agosto de 2026

Una vez nos Perdimos, pero..

Perdidos en Suipacha
"Después de perder el camino... encontrar este cartel fue casi una celebración."

"Hay días en los que el mejor recuerdo nace exactamente donde el camino deja de existir."
Había preparado el recorrido como tantos otros.
Mapas sobre la mesa. Horas buscando caminos rurales. Después la computadora. Más tarde el GPS.
Todo indicaba que ese camino existía.
Hasta que llegamos.
Y el camino... no estaba.
No era un desvío.
No era un alambrado nuevo.
Simplemente había desaparecido.
Por unos segundos miré la pantalla del GPS, levanté la vista y sonreí. La tecnología marcaba un camino. El campo decía otra cosa.
No había tiempo para lamentarse.
Había que encontrar una solución.
Buscando una alternativa llegamos a una estancia.
Pedimos permiso para pasar.
Nos abrieron las tranqueras y comenzamos a avanzar entre huellas de vacas, pastizales y barro, enlazando una huella con otra para volver a encontrar el recorrido.
Ya nadie preguntaba si íbamos bien.
Todos estaban disfrutando la aventura.
Aquello que había empezado como un problema se estaba transformando en el mejor momento del día.
Después de varios kilómetros apareció un viejo cartel.
Suipacha.
Nos miramos y estallamos de risa.
Habíamos encontrado nuevamente el rumbo.
La foto junto al cartel no fue para demostrar que habíamos llegado.
Fue para inmortalizar ese instante en el que entendimos que, muchas veces, perderse también forma parte del viaje.
La salida terminó !
Llegamos cansados, embarrados y felices.
Con los años nadie recordó cuántos kilómetros hicimos.
Nadie recordó el promedio.
Ni el tiempo.
Todos recordaron aquella aventura.
Por eso dejó de llamarse por el recorrido.
Para siempre quedó bautizada como...
"Perdidos en Suipacha".
Lo que aprendí ese día
Hasta ese momento yo pensaba que guiar era conocer el camino.
Ese día entendí que guiar es otra cosa.
Es mantener la calma cuando el camino desaparece.
Es animarse a improvisar.
Es pedir permiso cuando hace falta.
Es cambiar el plan sin perder las ganas.
Y, sobre todo, lograr que al final del día el grupo vuelva a casa con una historia que quiera contar una y otra vez.
Porque los mapas ayudan a llegar.
Pero las mejores anécdotas nacen cuando el camino decide sorprendernos.
"El mapa decía que por acá seguía el camino. La realidad tenía otros planes."

"A veces pienso que, si aquel camino hubiera estado donde decía el mapa, hoy no tendríamos una historia para recordar. Nos habríamos perdido una aventura."

#aenbici

Capítulo 0 Donde Todo empezó

Capítulo 0 — Donde empezó todo

Antes de los caminos de tierra, de las montañas, de las alforjas y de tantos kilómetros compartidos, hubo una bicicleta.

Era una Legnano. No era simplemente una bicicleta nueva para un niño; era un regalo que llegaba cargado de significado. Llegó en un momento especial, mi Primera Comunión, y junto a ella quedaron en una foto dos personas que forman parte de mi historia: mis abuelos.


Seguramente en ese momento no imaginaba todo lo que esa bicicleta iba a representar muchos años después. No sabía que una bicicleta podía convertirse en una compañera de aventuras, en una forma de conocer lugares, en una manera de encontrar amigos y también de encontrarme conmigo mismo.

Esa imagen guarda algo más que un recuerdo. Guarda una semilla.

Porque muchas veces los grandes caminos empiezan de una manera sencilla: un niño que recibe una bicicleta, una sonrisa, una familia detrás y la ilusión de salir a descubrir el mundo.

#aenbici

Claudio, el bicicletero

Primero compañero de ruta. Después mecánico. Con el tiempo, amigo.

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Hay personas que uno conoce por una necesidad puntual y, sin darse cuenta, terminan formando parte de la historia más importante de la bicicleta.

Claudio fue primero eso: un compañero. Alguien del camino. Un nombre más dentro del mundo de la bici. Pero con el tiempo pasó a ser mucho más que el mecánico al que uno le llevaba la bicicleta cuando algo se rompía.

Compartiendo la ruta, tiempos de pedaleo (Abril 2015).

Cuando una bicicleta entra a un taller, en realidad entra una parte de la vida de quien la usa. Entraron mis miedos antes de una salida, mis dudas, mis urgencias, mis ganas de seguir pedaleando. Y Claudio siempre estuvo ahí, con la paciencia de quien sabe escuchar tanto una rueda como una historia.

La relación fue cambiando sin necesidad de anunciarlo. Primero fue la confianza de dejarle la bici. Después fue la tranquilidad de saber que iba a volver mejor de lo que había llegado. Y más tarde, casi sin darme cuenta, apareció la amistad.

Claudio en su taller, el espacio donde interpreta y cuida cada bicicleta.

Las fotos dicen mucho de ese recorrido. En una de ellas estamos juntos en una salida, todavía con ese aire de compañeros que comparten una pasión. En otra aparece Claudio en su taller, rodeado de herramientas, en ese lugar donde no solo arregla bicicletas: también las entiende. Y en la última, ya no hay taller ni distancia entre cliente y mecánico. Hay una selfie sencilla, una sonrisa, y la certeza de que la bicicleta hizo también ese trabajo invisible de juntar personas.

Una selfie en el taller: la amistad que floreció entre ruedas, llaves y pedales.

Porque eso es Claudio para mí: el que cuidó mis bicicletas, sí. Pero también el que termina cuidando una parte de mi camino.

Y eso no se olvida.

#aenbici #bikelife #cicloturismo #argentina #buenosmomentos #amigo
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Bitácora de viaje


Bitácora de viaje

“Hay historias que empiezan con el primer pedal. La mía empezó mucho antes.”

Durante mucho tiempo pensé que organizar una salida en bicicleta era simplemente decidir un destino y salir a pedalear. Con los años entendí que estaba equivocado. El viaje no arrancaba en el camino; empezaba varios días antes, desplegado sobre una mesa.

Allí se abrían los mapas de papel, aparecían los primeros recorridos dibujados a mano y comenzaba un trabajo silencioso que casi nadie veía. Horas de buscar caminos rurales, unir pueblos olvidados, descubrir viejas estaciones de tren y calcular distancias para que, cuando llegara el sábado, los demás solo tuvieran que dedicarse a disfrutar.

Figura 1. El origen de todo: la cartografía física, la mesa de café y el trazo paciente del recorrido sobre el mapa de papel.

Aquellas primeras salidas tenían la mística pura de la aventura. No existía la inmediatez ni la precisión absoluta de hoy. Un mapa podía asegurar que un camino existía... y al llegar, descubrir que la vegetación o los años se lo habían tragado. Muchas veces había que improvisar. Otras, simplemente dejarse llevar por la intuición. Y eso, justamente, también era parte del viaje.

Aprender un camino nuevo

El día que llegó mi primer Garmin sentí que se abría una puerta. No porque la tecnología fuera a reemplazar la mística de perderse, sino porque me daba la posibilidad de preparar mejor la experiencia.

Figura 2. La transición constante entre la consulta del terreno y la lectura del papel en medio de la ruta.

Recuerdo una salida en la que todavía estaba aprendiendo a domarlo. En un cruce confuso perdí la referencia y le pregunté a uno de los compañeros con más experiencia sobre el rumbo a tomar. Su respuesta fue tan corta como inolvidable:

—Ah... no sé... arreglate.


En ese momento me molestó. Hoy, a la distancia, le agradezco enormemente esa sequedad. Porque en ese instante entendí algo fundamental: si quería guiar a un grupo, tenía que aprender de verdad. No podía depender de nadie más. Ese día empezó un aprendizaje técnico y personal que todavía continúa.

Figura 3. El análisis detallado de la cartografía digital: puentes ferroviarios, arroyos y vías en desuso.

Lo que no se veía

Con el tiempo, el GPS dejó de ser un simple aparato sujeto al manubrio para convertirse en el corazón de una rutina fascinante. Sobre la mesa se alineaban el dispositivo, una libreta de campo, anotaciones a lápiz, horarios, kilómetros exactos, alternativas de paso, estaciones de tren abandonadas y hasta posibles caminos de escape por si el clima o los pinchazos cambiaban los planes.

Figura 4. La mesa de operaciones: la libreta manuscrita, el Garmin GPSmap 60CSx y el software MapSource en plena transferencia de rutas.

Aquella libreta de tapas gastadas era mi verdadera bitácora de viaje. Cada salida quedaba escrita y vivida antes de existir en la realidad. Mientras todos esperaban ansiosos el fin de semana para pedalear, yo ya llevaba días viajando en mi cabeza.

Guiar

Con los años llegaron incontables salidas, muchísimos amigos y miles de kilómetros compartidos. Pero, por encima de todo eso, llegó algo infinitamente más valioso: la confianza.

Hubo un momento clave en el que el grupo dejó de preguntar si el recorrido estaba bien pensado o si el camino era transitable. Simplemente se convirtió en un código tácito:

—“Si lo armó Verde... vamos.”


Esa confianza fue uno de los regalos más genuinos que me dio la bicicleta, pero también me cargó de una enorme responsabilidad. Por eso empecé a publicar no solo la hora y el punto de encuentro, sino también una hora estimada de llegada. Aprendí que guiar no era ir pedaleando adelante imponiendo el ritmo. Guiar era cuidar el tiempo y la seguridad de todos. Era anteponer el grupo a uno mismo.

Figura 5. La responsabilidad del guía: trazar la ruta clara y velar por el grupo antes de salir a rodar.

De esas experiencias nació una máxima que adopté y repetí en cada convocatoria:

“Si no conocen el camino, no vayan adelante.”


No era una orden autoritaria; era una forma de cuidarnos. Perder diez minutos por un desvío equivocado podía significar perder la luz del día o el tiempo que habíamos ganado para disfrutar de un pueblo, de una estación o de una charla con mate en mano.

Mucho más que un GPS

Figura 6. El compañero de manubrio: el Garmin GPSmap 60CSx montado y listo para marcar el rumbo en la ruta.

Hoy sigo usando el Garmin. Lo miro con el mismo cariño y nostalgia que el primer día. Pero los años y los caminos me enseñaron que lo más valioso nunca estuvo encerrado dentro de esa pantallita de píxeles.

Lo verdaderamente importante fueron las historias que ayudó a construir: las amistades de hierro, las risas en medio del barro, los caminos encontrados y también aquellos que habían desaparecido obligándonos a improvisar juntos.

Porque, al final del día, el verdadero recorrido nunca quedó grabado en un archivo de track. Quedó grabado en la memoria de quienes compartimos cada pedaleada. Y cada vez que vuelvo a abrir una vieja bitácora, descubro con alegría que el viaje todavía no terminó.

martes, 21 de julio de 2026

Lo importante no es llegar, lo importante es el camino.


 No recuerdo todas las llegadas.

No recuerdo cada cartel, cada plaza o cada foto que saqué durante tantos años de bicicleta.

Pero sí recuerdo los caminos.

Recuerdo los amaneceres fríos.
Los mates compartidos.
Las rutas de tierra que parecían no terminar nunca.
Las subidas que obligaban a bajar el ritmo y escuchar solamente la respiración.

Con el tiempo descubrí algo curioso.

Las mejores historias no nacieron cuando llegué a un lugar.
Nacieron mientras iba hacia él.

Quizás por eso sigo pedaleando.

No para sumar kilómetros.
No para acumular desafíos.
No para demostrar nada.

Pedaleo porque arriba de una bicicleta el mundo vuelve a tener el tamaño justo.

Las preocupaciones se acomodan.
Las ideas encuentran espacio.
Los silencios dejan de incomodar.

A veces el camino es fácil.
A veces parece empinarse más de la cuenta.
Pero incluso en los días difíciles aparece una curva, un paisaje o una charla que recuerda por qué vale la pena seguir.

Hoy miro hacia atrás y entiendo que muchas de las cosas más importantes de mi vida se parecieron a esos caminos de ripio que tanto disfruto.

Nunca fueron rectos.
Nunca fueron perfectos.

Pero siempre me llevaron a lugares que valió la pena conocer.

Por eso sigo avanzando.

Despacio si hace falta.

Disfrutando cada tramo.

Porque al final, la verdadera recompensa nunca fue llegar.

La verdadera recompensa siempre fue el camino.


Hasta la proxima amigos !

jueves, 10 de noviembre de 2022

Punta Indio Buenos Aires/Argentina

 

                                                                    Punta indio:



Lo que más se destaca del lugar es el Parque Costero del Sur, declarado por la UNESCO Reserva Mundial de Biósfera.

Hay un #IndioQuerandi de 5 metros en la playa El Picaflor.

La escultura fue hecha con hierros de desecho llevada a cabo por el grupo de artistas «Cultura Vallese» y representa al Comandante Andresito de Corrientes y al Indio Querandi.

Muchos de los habitantes no sabían que era tierra habitada por los querandíes “Dicen que hay mucha vasijas y cosas así que han ido encontrando, pero nunca se han preguntado de donde salían”. 

Es muy loco, muy lindo porque tiene todas las calles con nombre de caciques y pueblos originarios, El sendero de Interpretacion Arroyo Villodo de unos 1500 m que acompaña la traza del agua y se sumerge entre las plantas y arboles que lo acompañan.

Las primeras menciones sobre los grupos originarios que habitaban nuestro territorio y que los españoles denominaron "Querandies" se encuentran en las crónicas de las expediciones de Sebastián Gaboto, Pedro de Mendoza y Juan de Garay.

Estimamos que esta práctica del nomadismo seguiría rutas estacionales preestablecidas, con un conocimiento cabal de los territorios y los diferentes recursos económicos que podrían explotar según las estaciones, los querandies eran cazadores, recolectores y pescadores nómades que recorrían las llanuras cercanas a los grandes ríos como el Paraná y el Río de la Plata.

 


Hasta la proxima amigos !

 

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martes, 25 de octubre de 2022

Albarellos Mis raíces Rosarinas!


Albarellos

Ubicada a 45 kilómetros al suroeste de Rosario, las poco más de 7.000 hectáreas de su distrito están siempre cubiertas de soja, lentejas, arvejas, maíz y trigo y el casco urbano ocupa unas 14 cuadras.

En sus orígenes se llamó Esteban Dell’ Elce por su fundador, un acopiador de cereales y agricultor que en 1912 inició el trazado del poblado, y pasó a tener su actual nombre cuando se levantó la estación Albarellos del ferrocarril Central Córdoba.

Su patrona es Nuestra Señora de Luján.

Aproximadamente hacia 1850, la zona aún estaba habitada por aborígenes; más tarde, unas pocas familias inmigrantes le dieron vida al pueblo y luego llegaron más italianos, españoles y de otros países europeos que con su amor a la tierra, esfuerzo y tesón crearon su porvenir y un bienestar para sus familias.

Con el progreso, se fueron organizando y creando las distintas instituciones; entre ellas el club Sportivo Albarellos

El único servicio telefónico con que contaba el poblado era una cabina pública instalada en el club y dos líneas particulares dependientes de la central de Coronel Bogado.

La inauguración del paso del ferrocarril se produjo entre 1904 y 1906 y en su construcción trabajaron todos los habitantes del pueblo. Las vías fueron el despertar del progreso, ya que por sus rieles se transportaba la producción agropecuaria de toda la zona, los pasajeros, la correspondencia y los viajantes que traían su mercadería.

El primer correo funcionó en la casa del fundador del pueblo, luego en el almacén de ramos generales de D’Onofrio. El primer almacén de ramos generales del pueblo fue Casa Dell’Elce donde además se acopiaban cereales; luego surgió Casa Nannini, más tarde la primera panadería de la familia Ferrary y había en los campos vecinos negocios que vendían alimentos, pero además funcionaban como pulperías y eran sitios de recreación para los trabajadores y agricultores.

En 1912 los hermanos D’Onofrio abrieron su negocio en la esquina de Comercio y Rosario e instalaron el primer surtidor de nafta que, con más infraestructura, sigue existiendo.
Es el único almacén de aquellos lejanos tiempos que perdura hoy como ferretería



Ricardo Giusti es el Hijo campeón del pueblo.


Chela Giusti, la mamá de Ricardo, que integró el plantel de la selección nacional de fútbol campeona en el Mundial de México de 1986, recuerda la fiesta que hubo cuando el futbolista regresó. “La gente nos fue a esperar a Coronel Bogado, habían venido de toda la zona”.

Ricardo “empezó en Newell’s Old Boys y al cumplir los 17 años se fue a Buenos Aires y jugó en Argentino Juniors e Independiente. Terminó su carrera en Unión de Santa Fe. Estudiaba el secundario en Bogado y cuando salía, se iba en el colectivo a practicar a Rosario”


Esta es una mini reseña del Pueblo que cobijo a los Fantin, mi bis Abuelo Fernando, Casado con Carolina Apolonio con quien tuvo 9 hijos, Estela mi abuela, quien siempre hizo que Albarellos sea el lugar al que volver lo haces o lo hacías con felicidad. Las Cenizas de mi viejo descansan tambien aca, porque se que aqui el siempre fue feliz.


Mis recuerdos grabados a fuego son muchos, llegar en tren y que el sulqui este esperándonos en la estación para llevarnos al campo, ¡¡que viaje!! Y si había barro ni te cuento jajaj..


Ir a lo de D’onofrio a comprar o por combustible cuando ya de grandes llegábamos en auto, la picadita


vermut mediante entre los juegos de cartas ente mi viejo y sus primos al atardecer en lo de Sarachini.

Llamar por teléfono al pueblo, la única forma de comunicarse para avisar que estábamos por ir de visita...

Como diría mi vieja…cuantos recuerdos, ni que hablar que hoy nietos de aquellos 9 hermanos seguimos viéndonos y disfrutándonos como siempre.

Albarellos es una marca registrada en mi corazón!



Hasta la proxima amigos !!
#aenbici Oct 2022



jueves, 6 de enero de 2022

Viboras Provincia de Buenos Aires Argentina

 Víboras es una estacion de ferrocarril ubicada en el paraje rural del mismo nombre, Partido De Puan, Buenos Aires, Argentina.


Pertenece al Ferrocarril General Roca en su ramal entre Darregueira hasta Alpachiri y
Remeco. No presta servicios de pasajeros desde 1978.
Su denominacion se origina por la laguna de ese nombre, existente en las inmediaciones de la estación .

Al acercarnos vemos lo que queda de la estación y  frente de ésta, el cartel vial que anuncia la existencia de la Escuela Nº 12 "Martín Güemes", que parece haber conocido mejores épocas. La calle de acceso es angosta, invadida por  los altos pastizales 

Techos y  ventanas rotas, tapiadas o ausentes, puertas que ya no están en su sitio, son el marco para este tiempo, en este lugar que indudablemente supo de épocas prósperas junto al tren. 
Comenzó a funcionar  el 30 de diciembre de 1905 en forma condicional la parte del ramal que comprendía entre Alta Vista y Avestruz. Fue una estación de 2da categoría habilitada para cargas, pasajeros, telégrafos y encomiendas.




Hacia la década del 1920 Víboras contaba con Estafeta Postal, situada en el edificio de la estación, existía el Almacén de Ramos Generales de Cándido P. Carrozzi y destacamento policial. 

Hasta La proxima Salida amigos !

sábado, 23 de octubre de 2021

Cura Malal, Buenos Aires Argentina

 Cura Malal:

Es un pueblo perteneciente al partido de Coronel Suárez, en la provincia de Buenos Aires que se fue originando en la época de la colonización con la instalación de grandes estancias como La Curamalan y La Cascada.


El paso del ferrocarril permitió desde 1883 el traslado de la producción agropecuaria y de las personas,

e hizo posible que el pueblo fuera creciendo, consolidándose en los aspectos propios de su situación rural, y así surgieron comercios, talleres, una escuela la  capilla llamada del Perpetuo Socorro y el Boliche/ Pulpería “La Tranca”,  que era un boliche de copas y de venta de algunos artículos, conocido como el almacén de Leonard,   un lugar centenario asentado en barro, de una impronta humilde.

La fecha de fundación de Cura Malal como pueblo es el 17 de
septiembre de 1905 cuando se llevó a cabo una subasta de lotes, basada en el plano que fuera medido y trazado por el ingeniero Nicolás Valsoe. 

 La estación de trenes pertene al Ferrocarril General Roca. 

El ramal es servido por la empresa estatal de pasajeros Trenes Argentinos desde la estación Constitución ubicada en la Ciudad de Buenos Aires hasta la Estación Bahía Blanca, sin embargo las formaciones no se detienen en esta estación.

Por sus vías corren trenes de carga de la empresa Ferroexpreso Pampeano.



Hasta La Proxima Salida Amigos !!